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NAHUAL, UN SER VENGATIVO. (Relato Real)

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NAHUAL, UN SER VENGATIVO. (Relato Real)

Mensaje  Etheren el Mar Ene 26, 2010 7:14 am

NAHUAL, UN SER VENGATIVO. (Relato Real)

Yo nací en Veracruz, pero llegué a un pueblo llamado Santa María Tianguistengo. Para buscar otra forma de vida, para eso seguí a mi hermana y su marido. Ellos rentaban una casita en el lugar que menciono; mi cuñado había logrado colocarse como obrero en una fábrica de medias y ganaba bien. Me gusto ese ámbito y ahí me quedé a vivir; tiempo después logré entrar a una factoría y con mi sueldo pude lograr muchas cosas, hasta me enamoré de una chamaca y por fin nos casamos. Parecía que nada me faltaba, quería y aún quiero mucho a mi mujer y a mis hijos; sin embargo, hubo un tiempo en que nuestras existencias eran un verdadero caos infernal.

Todo comenzó luego del nacimiento de mi primer hija; mi mujer convalecía en una casita que había yo logrado levantar con mucho esfuerzo, en un terreno al costado de donde pasa un camino principal y rodeada por otros hogares de parientes y vecinos; cierta noche, los ladridos de los perros me despertaron pues el escándalo era mayúsculo, imaginé que huían o atacaban a un perro rabioso, pues a la par de los gruñidos, aullaban como si estuvieran asustados; asomé la mirada por una ventana y, con la claridad de la noche, vi como rodeaban a un perrazo, semejante a un pastor alemán, pero grande y negro, imponente el animal. No le di mayor importancia al asunto, pues el animal enseguida se retiró, la calma y el silencio imperaron, y volví a conciliar el sueño. Todo esto hubiera pasado desapercibido no de ser porque aquel animal dio en volver cada noche, siempre a la misma hora y ocasionando la escandalera referida, sólo que ahora, atacaba a los otros animales, que nada podían hacer ante su tamaño y fiereza; por tal motivo, los perros que ahí teníamos comenzaron a tenerle miedo y ya casi no lo atacaban, aunque no dejaban de ladrarle.

Al verse un tanto libre en sus actos, el perro extraño llegaba hasta mi puerta y la arañaba, como si quisiera entrar o bien daba vueltas y vueltas alrededor de la casa. Una vez, al asomarme por la ventana, lo miré, caminar parado en sus patas traseras y apoyándose con la de delante sobre las paredes. Eso me causó gran espanto y no me atreví a salir a enfrentarlo. Nada más se me ocurrió poner en la azotea de la casa, un par de maderos y colocar un foco. Pensé que con la luz de esa lámpara, el perro aquel no volvería. No fue así, y aún más, puede verlo trepar por la escalera que estaba recargada en la pared e imagino que rompió el foco.

Fue mi esposa, quien, cansada del maldito inoportuno, contó a sus hermanos lo que ocurría.

-¡ese es un nahual!- Exclamó uno de ellos, pero al instante, otro lo refutó, diciendo que eso eran patrañas de tontos. A pesar de todo, dos mis cuñados convinieron en prestarme auxilio y así, junto conmigo, nos instalamos en la azotea, uno de ellos tenía en sus manos una retrocarga, dispuesto a matar al perro. Como siempre, ya entrada la noche, el can se hizo presente, mi cuñado apuntó y jaló del gatillo, pero el cartucho jamás estalló; de inmediato cambió el proyectil, hasta por tres ocasiones, siempre con el mismo resultado. Finalmente, luego de haber atacado a nuestros perros y mirándonos, imagino que burlón, el perro se fue. Entonces, mi cuñado, volvió a jalar el gatillo y esta vez, los tres cartuchos detonaron.

Por varios días nos empeñamos en terminar con aquella bestia de ese modo, hasta nos atrevimos a corretearlo, eso sí, armados con el fusil y un par de machetes. Él, invariablemente, tomaba camino del panteón, que no está nada lejos, donde, entre los matorrales y magueyes que había junto a la barda de cantera y ahí desaparecía. Al ver aquello, por dos ocasiones más, uno de mis cuñados lo aguardó ahí, montado en la barda, mientras yo y mi otro cuñado lo correteábamos. El ser del averno siguió su mismo camino de huida; mi cuñado, desde lo alto de la barda, con el fusil listo, lo vio meterse a los matorrales pegados a la barda del panteón; creímos que estaba acorralado, no había otro sitio a donde huir, pero, cuando buscamos, no había nada.

-Los días pasaban, ya no sabía que hacer para darle solución al problema, que se estaba convirtiendo en un lío de salud, pues mi esposa y yo no podíamos dormir.

-Tienes que ver a un sanador, para que te ayude a alejar o atrapar a ese nagual. Aconsejó una de mis cuñadas.
De principio me rehusé, pero, al final, hice caso a sus recomendaciones.
Al pueblo había llegado un curandero, paisano mío, aunque de un zona diferente de donde yo proviniera.

“CHANO” le decían y era precedido de gran fama, hasta como hechicero. Por medio de un arte adivinatorio me dijo que el nagual que me acosaba también era paisano y que todo era mi culpa, de principio no lo acepté, pero ante su acoso, terminé confesando que era cierto. Yo salí de mi pueblo, luego de sostener varios pleitos a golpes, con un vecino, por su mujer, y como siempre yo fui el vencedor, el juro vengarse.

-¡Así te escondas debajo de las piedras he de hallarte y te daré donde más te duela!- Me dijo.

-Bueno, necesito aceite comestible de siete casas, junto con sal, agua, un lazo grande y nuevo…- -Fue el pedimento del brujo- Yo me apuré a conseguir todo eso y nos preparamos a atrapar al nagual.

El día señalado y antes de la hora que acostumbraba llegar el nagual, el brujo hizo un círculo con lo que me pidiera y extendió la soga, igual en círculo; marcó con una cruz los cartuchos de la retrocarga y nos pusimos a aguardar. El animal apareció como de costumbre, pero esta vez no atravesó el patio, se limitó a olisquear el aire e imagino que sospechó la trampa, al ver esto, el brujo ordenó que lo atacáramos y así lo hicimos, esta ocasión, el fusil accionó a la perfección, pero no logramos matarlo; aún así, lo perseguimos hasta donde siempre desaparecía; rodeamos el sitio y con gran cuidado revisamos, no había nada, solo un pequeño rastro de sangre.

-¿Qué ocurrió, pregunté?-

-Él maldito no volverá más, sabe que estamos preparados y no volverá, además, va herido. Miren la sangre- Contestó Chano.

-Pero, ¿A dónde se fue? ¿Por qué siempre lo perdemos aquí de vista?

-El infeliz abrió una puerta dimensional que es capaz de atravesar el espacio. Déjenme explicarles: En un panteón de su pueblo, a través de una barda como esta, el desgraciado hizo la puerta. O sea, que si él entra allá, saldrá aquí, en este espacio y viceversa-

La explicación del curandero me resultó increíble, sin embargo a pesar de todo, el nagual que por tanto tiempo nos acosara, a mi familia y a mí, no volvió más.

Etheren

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