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BRUJAS, ARPIAS DEL AVERNO. Parte II.

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BRUJAS, ARPIAS DEL AVERNO. Parte II.

Mensaje  Etheren el Mar Ene 26, 2010 7:15 am

BRUJAS, ARPIAS DEL AVERNO.
Parte II.


Luego de haber vivido una de las experiencias más horrendas de mi vida, llegué a casa de mi primo Mariano, personaje típico, auténtico en su manera de ser. Su casita, de adobes y láminas de asbesto, se hallaba en un terrenito, apenas levantado un metro del nivel de la vereda, que en ese entonces era el camino y pasaba un lado, rodeada de nopales, magueyes y hierbajos, tenía su aire bucólico. Una de las paredes del corredor en donde se abrían un par de puertas pequeñas, se hallaba tapizado de pieles de culebras, tlacuaches, liebres.

Luego de insistir en mis llamados, el hombre al fin despertó de su sueño y luego de reconocerme me franqueó el paso, en el interior de un cuartito, alumbrado sólo por un veladora, me invitó a sentarme en un catre y el se sentó en el suyo. Recargando la espalda en la encendió uno de sus eternos cigarros sin filtro y me escuchó atento. Le referí mi experiencia con la bruja, de esas que vuelan y supuestamente se chupan a los niños.

-¿Para dónde dices que se fue?- Preguntó. Una vez que concluí mi relato. Yo respondí, y él, avivándose con la respuesta, de inmediato contestó…

-Aahh, ya sé quién es, se llama fulana de tal y el hija de sutano. (Por obvias razones se protege la identidad)

A pesar que yo acababa de ver a uno de esos seres, no acabé de creer lo que Mariano me decía pues las personas a quienes mencionaba eran vecinos de un sitio muy cercano. Al ver mi incredulidad, el procedió a contarme.

-Venía yo de una ocupación en el pueblo La Aurora, me encomendaron tirar las cañas secas en una milpa por lo que me pagarían algún dinero. A veces, ya de vuelta, pasaba a la casa de don… a tomar un litro de pulque; pero siempre llegaba por la parte de atrás de la casita; es que, a veces, asomaba la mirada por una ventana que da al cuarto de las muchachas, sus hijas pues un par de ocasiones las sorprendí en paños menores. Esa ocasión, ya era más de noche, aún así caminaba por entre los surcos de la milpa que hay detrás de la casa. De lejos pude mirar que de la ventana que menciono, salía gran luminosidad, así qué, obedeciendo a mi curiosidad, me acerqué para espiar. Me llevé una sorpresa terrible; miraba algo que nunca imaginé: del suelo de aquel cuarto, donde había un par de camas y dos muebles, brotaba lumbre, que sin embargo, no quemaba nada, pues los muebles seguían intactos y en ese fuego, amarillento, se revolcaba una mujer, era una de las hijas de quien te dije. Estaba desnuda y tampoco se quemaba. Luego de dar maromas en el fuego, inclinándose, sacó un frasco de debajo de su cama, que a mi ver, tenía agua rebotada donde flotaban dos como canicas grandes. La muchacha se sentó en la cama y con el frasco en una mano, torció el dedo índice a manera de gancho y procedió a sacarse uno de sus ojos. Al ver aquello, tuve ganas de correr por el susto, sin embargo mi morbo fue mayor. Luego de depositar su propio ojo, en el frasco, procedió hacer lo mismo con el otro. Enseguida guardó aquello debajo de la cama, de donde sacó un par de patas de guajolote, sentándose de nuevo, hizo presión en una de sus rodillas, como queriendo desternillarse un pie, ¡Y así lo hizo! En el muñón aquel, colocó la pata del guajolote y de nuevo repitió tal acción. No es mentira lo que te cuento, manito, yo lo vi, con estos ojos que se han de comer los gusanos y no estaba briago ni había fumado nada extraño.

La bruja, una vez que guardó, también sus pies bajo la cama, sacó, esta ocasión, un par de alas como de zopilote y también se las puso en la espalda. Imagino que por artes del demonio las alas se le quedaron fijas; pero, entonces, al estar ya convertida en ese espantajo, volvió la mirada a la ventana donde yo espiaba, me sentí descubierto y lo que hice fue dejarme caer sentado, De pronto, miré que la bruja ya estaba parada en la cornisa; sin embargo, no me miraba a mí. La tuve a unos pocos centímetros, puede ver su horrenda presencia bien cerca de mí. Luego de un par de segundos, la lumbre, que nunca se había apagado, salió convertida en una gran lengua y el último coletazo jaló a la bruja. Ante mí, aquel fuego del infierno tomó forma de remolino, que luego se fue compactando hasta formar una bola de regular tamaño y así emprendió el vuelo.

Etheren

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